Características del contrato indefinido

La aspiración de muchos trabajadores es firmar un contrato indefinido: este tipo de acuerdo tiene un aura o cualidad casi mística para algunos, que de alguna manera parece transportar al trabajador a un estatus intocable casi de funcionario y garantizar un trabajo para toda la vida. Como siempre, no se trata más que de un acuerdo laboral con una serie de características, con sus pros y sus contras (aunque para las aspiraciones de la mayoría de trabajadores, los primeros superan a las segundas en este caso).

El contrato indefinido: sin límite de tiempo

Como su propio nombre indica, el indefinido es aquel contrato que se establece entre dos partes sin poner un límite temporal a la relación. La actividad se extiende, por tanto, sin un límite fijado. En el caso que nos ocupa, la relación laboral se mantendrá siempre a menos que sea cortada de forma explícita por una de las partes. Eso no quiere decir que no nos puedan despedir o que no podamos despedir a alguien: quiere decir que tendremos que anunciar que dejamos el trabajo o que prescindimos del trabajador de forma activa.
El contrato puede realizarse de forma escrita o de palabra, y debe ser comunicado en la Oficina de Empleo en un plazo de diez días con posterioridad a que sea concertado. Hay que señalar que la Administración presume, a sus efectos, que existe un contrato de palabra entre aquel que presta un servicio en la organización de otro y recibe a cambio una retribución.

Romper y adquirir un contrato indefinido

Los trabajadores que tengan un contrato temporal celebrado en “fraude de ley”, es decir, en condiciones ilegales, adquieren un contrato indefinido a efectos de la legislación, que su contratante debe rescindir para dejar de pagarles una retribución. Así mismo, los trabajadores que superen un periodo de prueba y no sean dados de alta en la Seguridad Social adquirirán la condición de fijos a efectos legales.
El contrato indefinido puede ser rescindido en cualquier momento por contratante o contratado. En el primer caso, la empresa o individuo que contrata debe pagar una indemnización, salvo que el despido sea justificado por negligencias graves, actividades que vayan en contra de la empresa, etcétera. En el segundo, el trabajador debe avisar con un determinado número de días de antelación que puede variar en función del lugar en el que trabaje.

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